Frontera “blindada” agrava cruce migrante
Establecen cuotas
de hasta dos mil 500 dólares por niño y cuatro mil por adulto para cruzar hacia
EU

PASE. Los migrantes buscan diferentes opciones para cruzar
hacia Estados Unidos con el propósito de cumplir el “sueño americano”. (Foto: GASTÓN MONGE EL UNIVERSAL )
Sábado 10 de agosto de 2013 Gastón Monge / Corresponsal | El Universal00:05
NUEVO
LAREDO.- El incremento en la seguridad y la vigilancia de la frontera
orilló a que migrantes mexicanos y centroamericanos paguen más dinero a
traficantes para que los crucen de manera indocumentada por el río Bravo; ahora
cobran hasta 2 mil 500 dólares por niño y
4 mil por adulto.
4 mil por adulto.
Quienes no
pagan el derecho de cruce por esta frontera y osan atravesarla solos son
amenazados, golpeados, privados de su libertad y hasta asesinados.
Nereo Rosas,
un poblano de 17 años, es ejemplo de ello. Cuando llegó a la Casa del Migrante
estaba decidido a cruzar el río Bravo, por lo que junto con un hondureño bajó
por una brecha y caminó entre la maleza buscando la mejor ruta.
Decidieron
no pagarle a pateros y atravesar solos el río. Cuando estaban por llegar a una
zona de cruce, un grupo de hombres armados los interceptó y les quitó sus
pertenencias, documentos y dinero.
"Eran
como las nueve de la mañana cuando decidimos cruzar el río por el puente del
tren. Está muy ancho por allí. De pronto nos salieron unos hombres, porque ya
nos habían reportado desde el centro de la ciudad", explica aún temeroso
al recordar.
Les dieron
el paso, pero más adelante salieron otros hombres armados, por lo que corrieron.
Fueron perseguidos por unos perros que les echaron los sujetos, pero escaparon
hasta llegar a un lugar que eligieron para cruzar.
Ante el
temor de ser alcanzados, decidieron cruzar, a pesar de ser la parte más ancha,
más profunda y más peligrosa del río, pero no lo sabían, por lo que al escuchar
los ladridos de los perros de cacería, no lo pensaron y se lanzaron al
torrente, que este año ya cobró 16 vidas, nueve más que el año pasado en el
mismo tiempo, de acuerdo a datos del Departamento de Bomberos.
El primero
en aventarse al agua fue el hondureño, y le siguió Nereo. A los pocos metros
ambos se hundieron y comenzaron a tragar agua.
"Me
hundí hasta abajo y no toqué tierra (...) pensé que me iba a ahogar, pero salí
y logré agarrar un carrizo, mi amigo nadó un rato, pero a la mitad del río de
pronto vi que se hundió y ya no le vi las manos... ya no le vi la cara, ni los
pies, ni la cabeza... ya no gritó porque la corriente estaba muy fuerte",
explica a pausas, debido a que un nudo en su garganta le impide por momentos
hilar las palabras.
Recuerda que
tragó mucha agua, la que estaba muy fría, y que las piernas comenzaron a
entumírsele y a perder el sentido. Pero se aferró al carrizo que nunca soltó, y
así llegó a la orilla opuesta del río, lejos de los delincuentes, pero aún con
el ladrido de los perros que lo miraban amenazantes desde el lado mexicano.
Migración obligada
Nereo es uno
más de los 900 niños y niñas que de enero a la fecha salieron solos de sus
comunidades en México para cruzar la frontera, obligados por la extrema pobreza
en que viven sus familias, y para buscar a sus padres que desde hace años viven
en algún lugar de Estados Unidos, hacia donde se dirigen.
De acuerdo
con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de esta
frontera, la cantidad de menores de 18 años que viajan solos aumentó durante el
primer tercio del año, al tener un registro de 109 más que el año pasado y 151
más que en 2011. Aunque aún no se tienen los datos, se estima que para el
segundo tercio, la cantidad será similar.
Héctor
Valdez Valdivia, procurador para la Defensa del Menor y la Familia, del
organismo municipal, comenta con preocupación que pese a los programas que
existen para la protección de los infantes en México, la cifra de jóvenes que viajan
solos a la frontera aumenta cada año.
"Es un
fenómeno multifactorial que tiene que ver con la pobreza en sus familias. Saben
bien de los riesgos a los que se enfrentarán, pero aun así deciden viajar para
buscar a sus familiares en Estados Unidos, incluso, a costa de sus propias
vidas".
Se trata de
niños y niñas de entre 12 y 17 años de edad, de los que 95% son hombres y 5%
restante mujeres; 90% del total son mayores de 14 años.
No tienen
una razón de vida en sus comunidades y por eso viajan solos para buscar a sus
familiares que ya se establecieron en Estados Unidos, por lo general son sus
padres a quienes buscan y que en ocasiones no conocen.
Principalmente,
son de Querétaro, Puebla, Guanajuato, San Luis Potosí, Veracruz, Oaxaca y
Chiapas, muy pocos son del norte del país, y en su mayoría son niños migrantes
por primera o segunda ocasión que viajan solos, de acuerdo a las pláticas que
sostienen con las trabajadoras sociales del organismo municipal.
"Todos
los días nos llegan menores de edad al albergue temporal. Dicen que buscan a
sus padres en Estados Unidos, y que viven en México con sus abuelos o algunos
familiares, pero siempre viajan solos", explica el funcionario.
Tráfico de
infantes
Pero a la
frontera no llegan sólo niños de esas edades, también lo hacen lactantes de
meses de edad y niños de cinco años y menos, los que son cruzados por los
puentes internacionales con documentos falsos por familiares de sus padres, o
por polleros que cobran hasta 2 mil 500 dólares por cada uno.
Diana
Verónica Valladar Mata, coordinadora del Centro de Atención a Menores
Fronterizos (Camef), también del sistema DIF, comenta que en este año siete
menores de cinco años intentaban ser cruzados de manera ilegal; dos niños de un
año, dos de dos años, uno de un año de edad y dos más de cuatro años.
"Nos
han llegado niños de hasta 20 días de nacidos y de dos meses, cuyos padres
mandaron por ellos con algún familiar con documentos falsos, pero otros fueron
cruzados por pateros y la intención es de que los conozcan sus padres que ya
viven en Estados Unidos".
La mayoría
de los niños fueron deportados por denuncia de personas, ya que tenían tiempo
de vivir con sus padres de manera indocumentada.
Dice que
algunos niños, los más grandes, tienen afectaciones psicológicas, tratadas por
expertos del DIF, mientras se contacta a sus familiares en México, ya que han
sido separados de sus parientes o han sido testigos de la muerte de alguna
persona en el río Bravo o en el desierto.
"Cuando
los deportan, algunos de ellos vienen muy lastimados psicológicamente, porque
vieron morir a la persona que los llevaba. Pero también nos llegan lastimados
de sus pies, por tanto caminar, lesionados, golpeados y enfermos", señala
la funcionaria.
Explica que
muchos de los niños que migran a la frontera, son campesinos que ayudan a sus
abuelos en las labores del campo en comunidades rurales alejadas de los centros
urbanos y son los adultos mayores, ya enfermos, quienes los motivan a que
busquen a sus padres en Estados Unidos, por lo que contactan a personas para
que los crucen.
La mayoría
de los pequeños son cruzados al vecino país con una paga a traficantes de
humanos, que va de los mil 200 a mil 500 dólares, dinero que sale de la venta
de tierras y de animales, o de préstamos con usureros.
Sin embargo,
todo eso lo pierden, incluso, la ilusión de que los niños lleguen con sus
padres, porque son detectados y deportados a México por esta ciudad, aunque los
menores más grandes, un 30% aproximado, intenta cruzar de nueva cuenta con los
polleros.
En 2011 el
Instituto Nacional de Migración (INM) reportó la repatriación de 15 mil 524
niños y niñas menores de 17 años, de ese total 904 eran recién nacidos y de
hasta 11 años de edad; muchos fueron cruzados por pateros o personas sin lazos
familiares, cantidad que fue rebasada el año pasado.
En 2012,
fueron 13 mil 589 menores repatriados y el mismo organismo reporta que en el
primer trimestre del año cruzaron el río Bravo por Tamaulipas 225 menores, de
los que 180 fueron hombres y el resto mujeres; de ellos, llegaron solos a la
frontera más de la mitad.
Una frontera
peligrosa
México
cuenta con alrededor de 26 puntos por donde Estados Unidos deporta a los
mexicanos indocumentados, pero debido a los elevados índices de inseguridad,
como ocurre en Nuevo Laredo y otros municipios del norte de Tamaulipas, algunos
centros dejaron de operar, como los de Miguel Alemán y de Camargo, que sólo
funcionan en casos de emergencia, por lo que los repatriados son presa fácil de
los delincuentes.
En Baja
California no existen repatriaciones por la Mesa de Otay, y en Chihuahua,
Puerto Palomas, Zaragoza y Porfirio Parra, al igual que en Tamaulipas,
únicamente funcionan cuando las deportaciones son extraordinarias.
Sásabe y
Sonoyta, en el estado de Sonora, operan ocasionalmente, mientras que en Nogales
los tres lugares que existían ya no operan.
El sacerdote
católico Jesús Manuel Reyes García, director de la Casa del Migrante Nazareth,
en Nuevo Laredo, comenta que a diferencia de otros años, son más los
centroamericanos que solicitan apoyo, que los mexicanos deportados, y advierte
que debido a la inseguridad son más vulnerables.
Considera
que en varios puntos de esta ciudad, sobre todo en las centrales de autobuses
foráneos, a los migrantes que son detectados por los delincuentes, se les
obliga a pagar 100 dólares como cuota, "y es una vergüenza que lo hagan
porque las autoridades no hacen nada. Falta voluntad y una conciencia social
para eliminar todo esto", expresa.
No obstante,
sólo 20% de los centroamericanos que llegan a la Casa del Migrante se quejan de
que fueron víctimas de robo, asalto, aunque después surgen versiones de que
fueron extorsionados y hasta secuestrados.
Estas historias son muy frecuentes
para el
sacerdote, quien señala que son tan cínicos los delincuentes que hasta los
llevan al albergue luego de haberles cobrado de mil hasta tres mil dólares por
dejarlos en libertad.
Menciona que
en ocasiones los coyotes que le quitan el dinero a los migrantes extranjeros,
los entregan al INM y se van, "pero aquí hay todo tipo de historias",
refiere el sacerdote.
Durante
enero de este año, 41 migrantes se quejaron de ser víctimas de la violencia en
todos sus géneros, pero hasta el mes de abril la cuenta se elevó a 160 quejas
del mismo tipo, la mayoría por robo, asalto y extorsión, y una cantidad menor
por secuestro.
Pese a ello,
las quejas son menos que las registradas el año pasado, cuando se elevaron a
190 de enero a abril.
"La
frontera es peligrosa, pero México es un país de migración, y el asunto es que
en Estados Unidos se respete a los migrantes, y en México se generen más
oportunidades para prevenir la migración", señala el sacerdote.
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