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lunes, 24 de diciembre de 2012

Una Navidad contextualizada


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Jesuita chileno. Voluntario Servicio Jesuita a Migrantes Centroamericanos, México. 

Hay historias bíblicas que estamos tan acostumbrados a escuchar, que corremos el riesgo de descontextualizarlas y vaciarlas de significado, y así podemos también celebrar las fiestas religiosas al margen del contexto actual en el que la historia narrada vuelve a cobrar sentido.
Tal es el caso de los relatos sobre la Navidad. Y es que nada más ajeno a una “noche de paz”. Vamos al texto.
Se trata de una pareja que está en situación de embarazo ilegal (y por tanto la ley ordenaba que la mujer muriera apedreada). Su pueblo está ocupado militar y colonialmente, y José debe tomar a María para unirse a las caravanas de desplazados internos por la ley de censo, impuesta por el opresor.

Tal es el caso de los relatos sobre la Navidad. Y es que nada más ajeno a una “noche de paz”. Vamos al texto. Se trata de una pareja que está en situación de embarazo ilegal (y por tanto la ley ordenaba que la mujer muriera apedreada). Su pueblo está ocupado militar y colonialmente, y José debe tomar a María para unirse a las caravanas de desplazados internos por la ley de censo, impuesta por el opresor.
Así, en condición de allegados les nace un hijo varón. Pero lo que debiera ser una “buena noticia” es para José y María una amenaza, y a los pocos días deben salir huyendo como refugiados por la violencia, logrando escapar de una feroz matanza de niños inocentes.
Esa es la historia. No hay santa claus ni regalos. No hay plaza comercial.
Propongo ahora un contexto actual en el que la historia vuelve a cobrar sentido:
Este 18 de diciembre se conmemoró el Día Universal de las Migraciones, lo que incluye la situación de desplazados, migrantes y refugiados. Este año, 26 millones de latinoamericanos y caribeños pasarán la Navidad fuera de sus países. La Red Jesuita con Migrantes ha denunciado en estos días que gran parte de ellos —como José y María hace dos milenios— enfrentan situaciones de vulnerabilidad, desprotección y violaciones de sus derechos humanos, entre ellas la estigmatización mediática, la criminalización de su situación irregular por parte de los Estados, la explotación laboral, y la explotación sexual de mujeres y niños. Las causas de esto en América Latina son la pobreza, la violencia, las catástrofes naturales y el modelo de desarrollo centrado en la extracción abusiva de recursos naturales; especialmente en territorios indígenas.
La pregunta que nos surge es ¿puede un cristiano en América Latina hacer caso omiso a la verdadera historia de la “sagrada familia” y al desgarrador contexto actual en el que nuestro continente celebra la Navidad?
En 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos —prescindiendo de fundamentos religiosos— proclamó que todos somos “miembros de la familia humana”. Navidad —el día en que millones de personas creen que Dios se hizo ser humano— es una buena ocasión para hacer realidad los derechos humanos

martes, 18 de diciembre de 2012

Comunicado de la Red Jesuita con Migrantes en Latinoamérica y el Caribe (RJM-LAC)




Comunicado de la Red Jesuita con Migrantes en 
Latinoamérica y el Caribe (RJM-LAC)
________________________________________
Las personas migrantes: un urgente llamado
de Dios a la justicia y la hospitalidad

18 de diciembre de 2012, Día Internacional del Migrante

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional del Migrante, las obras de la Compañía de Jesús, miembros de la Red Jesuita con Migrantes en Latinoamérica y el Caribe (RJM-LAC), enviamos un mensaje de solidaridad y esperanza a los 214 millones de hermanas y hermanos migrantes internacionales 1 en el mundo que viven fuera de sus países de origen. Una gran parte de ellos y ellas enfrentan situaciones de vulnerabilidad, desprotección y violaciones de sus derechos humanos, a pesar de sus valiosos aportes a las sociedades de acogida y a sus propios países de origen.

En las últimas décadas, el fenómeno migratorio se ha vuelto cada vez más complejo y numeroso. Por ejemplo, el número de migrantes ha aumentado de 150 millones en 2002 a 214 millones en 20102; y hoy este fenómeno se compone de una diversidad de rostros: desplazados internos, refugiados y migrantes económicos, medioambientales y por violencia de género.

Las personas migrantes son un signo de los tiempos a través del cual Dios nos hace un urgente llamado a la hospitalidad, para acogerlas como hermanos y hermanas, y a la inclusión a través de su incorporación a la sociedad en la totalidad de sus derechos, sin distinción de origen étnico, estatus legal, condición cultural, religiosa o económica. Es una invitación a poner en práctica las palabras de San Pablo en su Carta a los Gálatas (3, 28): “No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, pues Ustedes son uno en Cristo Jesús.”

Así mismo, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó que todos los seres humanos son “miembros de la familia humana”, “nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

En Latinoamérica y Caribe

Cerca de 26 millones de mujeres y hombres latinoamericanos y caribeños se encuentran fuera de sus países de origen, principalmente en Estados Unidos, en España y dentro de la región. La inequidad social, la desigualdad entre países, la pobreza, la violencia, las catástrofes naturales y el modelo de desarrollo desequilibrado y centrado en la extracción abusiva de los recursos naturales figuran entre las principales causas de la emigración en la región.

No cabe duda que la adopción de soluciones y respuestas para erradicar las causas estructurales de la emigración arriba mencionadas es y será uno de los temas dominantes en la región. Ante esta realidad, “la atención a las necesidades de los migrantes, incluidos los refugiados, los desplazados internos y las víctimas del tráfico de personas es una preferencia apostólica de la Compañía de Jesús”3. Para impulsar esta preferencia apostólica hemos constituido la Red Jesuita con Migrantes en Latinoamérica y el Caribe (RJM-LAC) que forma parte, a nivel mundial, de la Red Global de Incidencia Ignaciana sobre Migración4(GIAN, por su sigla en inglés). 

La RJM-LAC busca acompañar de manera eficaz, coordinada e integral a las personas migrantes, desplazadas y refugiadas desde ámbitos muy diversos: pastoral, educativo, social, legal, de investigación e incidencia. Integra el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y otros programas de Universidades, Parroquias, Colegios de la Compañía de Jesús sobre migración, desplazamiento y refugio.

La RJM-LAC sostiene que toda persona tiene derecho a vivir, trabajar y realizarse humanamente y en plenitud en su lugar o país de origen. Pero cuando ello no es posible, tiene el derecho de buscar mejores condiciones de vida fuera de su lugar de origen, bien sea dentro de su país o atravesando alguna frontera internacional.

Por ello desde esta red denunciamos cualquier forma de violación de los derechos humanos de personas migrantes o actos discriminatorios, tales como:

 la estigmatización mediática y social y la criminalización por parte de los Estados de la migración irregular;
 la negación sistemática por parte de muchos Estados a otorgar la debida protección internacional a solicitantes de asilo y refugio, lo cual les deja en situación de extrema vulnerabilidad;
 las políticas migratorias restrictivas, que se centran en detención, deportación y control fronterizo;
 el consecuente fortalecimiento de redes de trata y tráfico de personas, muchas veces vinculadas a la corrupción e impunidad estatal;
 la explotación laboral de personas migrantes;
 la vulnerabilidad particular de mujeres y menores de edad.

Nos oponemos a un modelo de desarrollo desequilibrado, promovido por corporaciones multinacionales, que prioriza el mercado por encima del desarrollo humano, el flujo libre del capital al movimiento de las personas y que tiene como consecuencias la destrucción medioambiental y la extracción de recursos naturales, forzando el desplazamiento de poblaciones enteras.

Esta red demanda:

 la ratificación universal de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares de 1990;
 la protección internacional efectiva de solicitantes de asilo y refugio;
 políticas migratorias integrales e incluyentes que aborden no sólo la migración laboral, sino también sus dimensiones cultural, social, religiosa y política;
 la protección de los derechos de las personas, independientemente de su estatus administrativo migratorio, con particular atención a sectores vulnerables como mujeres y menores de edad;
 el respeto al derecho de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos; 
 un modelo de desarrollo sostenible y centrado en las personas.

Finalmente, la Red hace un llamado a los Estados y las sociedades latinoamericanos y caribeños a valorar el aporte de las personas migrantes ya luchar por una región más justa y hospitalaria.

Información de contacto:

P. Rafael Moreno Villa sj
Director general de la RJM-LAC
Correo electrónico: sjrsjmlacdireccion@gmail.com

Sra. Yolanda González Cerdeira
Coordinadora de la subregión Centroamérica y Norteamérica (CANA): Belice, Guatemala, El
Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, México, Estados Unidos de América, Canadá.
Correo electrónico: ygcerdeira@radioprogreso.ne

P. Mario Serrano Marte sj
Coordinador de la Subregión Caribe: República Dominicana, Haití, Jamaica, Canadá Francés,
Venezuela, Estados Unidos de América (Miami, Florida).
Correo electrónico: direccion@bono.org.do

Sra. Merlys Mosquera Chamat
Directora regional del SJR y Coordinadora de la subregión Colombia y países fronterizos:
Ecuador, Panamá, Venezuela.
Correo electrónico: direccion.regional@sjrlac.org

P. Emilio Martínez Díaz sj
Coordinador de la subregión Cono Sur: Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Brasil.
Correo electrónico: sj.emilio@gmail.com

Notas:


1 Tendencias de las Naciones Unidas relativas al contingente internacional total de migrantes: La revisión de
2008, http://esa.un.org/migration/index.asp?panel=1
2 OIM, Informe sobre las migraciones en el mundo en 2010, http://www.publications.iom.int

3 Congregación General 35 de la Compañía de Jesús, Decreto 2, no.39.
4 GIAN, Documento base sobre Migrantes y Desplazados. Por una cultura de la hospitalidad y la inclusión.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Comunicado oficial para el lanzamiento de la Red Jesuita con Migrantes






México D.F. 10 de diciembre del 2012





Estimados hermanos y hermanas:

Como muchos de Uds saben en octubre del año pasado, la Conferencia de Provinciales de América Latina (CPAL) aprobó integrar el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) en una única red en América Latina y el Caribe, e invitar a otras obras de los jesuitas interesadas en trabajar sobre temas relacionados con la movilidad humana para que se articulen a esta red con el objeto de
poner en práctica el compromiso de la Compañía de Jesús de priorizar el acompañamiento a los migrantes, desplazados y refugiados. De esta forma surgió la red SJR SJM-LAC.

Durante todo este año hemos llevado a cabo una consulta entre los miembros de esta red para escoger un nombre y un logo para la misma que dejara más claro que la responsabilidad de impulsar esta prioridad no es exclusiva del SJR y del SJM, sino de todas las obras de la Compañía de Jesús, y que en consecuencia, la incorporación de otras obras a esta red no es en apoyo al SJR y/o al SJM sino para ser corresponsables de
realizar nuestra misión común. 

Como resultado de nuestra consulta hemos acordado que en adelante la red se llamará Red Jesuita con Migrantes y tendrá como logo el que aparece en esta comunicación.

Otro acuerdo importante que hemos tomado es el de hacer un primer pronunciamiento como Red en los países de Latinoamérica y el Caribe, el próximo 18 de diciembre por ser el día universal sobre las migraciones. 

Por ello invitamos a las radios, universidades, colegios, parroquias y demás obras de la Compañía, a Federación Internacional de Fe y Alegría y a la Comunidad de Vida Cristiana para que difundan el comunicado entre las personas con las que trabajan, lo suban a la página web y en las redes sociales de su provincia y de su propia institución y lo envíen a los medios de prensa que les parezca.

Nos será muy útil si después del 18 de diciembre, por favor informan al director de la subregión que les corresponde las gestiones que hayan hecho y sus resultados, para poder evaluar el posible impacto de esta primera iniciativa. La dirección electrónica de los directores regionales aparece al final del comunicado.

El contenido del mismo está en gran parte tomado de un posicionamiento aprobado en octubre de este año por la Red Global Ignaciana de Advocacy sobre Migración a la que forma parte nuestra Red.

Atentamente,

Rafael Moreno Villa sj
Director de la RJM-LAC 

viernes, 4 de mayo de 2012

CON MIGRANTES CENTROAMERICANOS EN EL DURO VIAJE HACIA LA UTOPÍA



Durante los meses de enero y febrero tuve la oportunidad de colaborar en el albergue Decanal Guadalupano para migrantes centroamericanos ubicado en Tierra Blanca, Estado de Veracruz, México. Está llevado por un grupo de religiosas de san José de Lyon, muchachos del Servicio Jesuita para Jóvenes Voluntarios, voluntarios del lugar y apoyado por el Servicio Jesuita para Migrantes.

Fueron muchas las experiencias que durante esos dos meses viví, cargadas de sentimientos diversos, al enfrentarme por primera vez a una realidad que sólo conocía de oídas. De hecho fue el mucho escuchar sobre el fenómeno migratorio y las diferentes iniciativas que ante esta realidad van surgiendo lo que me llevaron a querer conocer, de primera mano, lo que nuestros compatriotas centroamericanos viven en su trayecto hacia su “sueño americano”.

Más de cuatro mil migrantes pasaron por el albergue, en su mayoría hondureños, en los meses que estuve. Según las estadísticas de los años anteriores son los meses en que menos pasan, ya que están cerca las fiestas, y el frío en la parte norte de México es muy fuerte. 

La ruta que los migrantes centroamericanos hacen hacia los Estados Unidos, atravesando México, es considerada como la más peligrosa. Son muchos los que a lo largo del camino son asaltados varias veces, secuestrados, extorsionados e incluso asesinados, por diversos grupos delincuenciales, narcotraficantes e incluso las mismas autoridades policiales y de migración. 

Los sentimientos que me surgieron durante mi estadía fueron variando a medida que escuchaba las historias que cada uno de los migrantes compartían. Sin embargo, un sentimiento muy frecuente ante sus historias era la frustración e impotencia, porque en realidad no era mucho lo que podía hacer por ellos ante la tremenda necesidad que llevaban. Y también al constatar que, efectivamente, en nuestros países, debido a las estructuras tan injustas, la falta de oportunidades, el aumento de la violencia, etc. las personas se ven obligadas a salir y aventurarse a lo que, según ellos, les dará un futuro mejor.

Este sentimiento nos lo cambiaban los mismos migrantes, cuando llenos de esperanza decían frases como “quiero un futuro mejor para mis hijos”, “quiero salir de la pobreza en la que he vivido”, “busco ayudar a mi familia”. Esto lo podíamos notar quienes trabajamos en el albergue, cuando después de un rato de descanso, una ducha y el estómago lleno, veíamos partir a los “muchachos y muchachas en bajo porcentaje”, con una sonrisa y con la esperanza firme que alcanzarán su sueño.

También se despertó en mí un sentido profundo de pertenencia, seguramente porque a partir de la segunda semana de la experiencia era el único centroamericano en el albergue (la primera semana estuve acompañado de Martín García, compañero jesuita guatemalteco que ahora está estudiando teología en Chile y quien también visitó el albergue). Pero lo que más me impactó fue encontrarme con un compatriota guatemalteco que no solo vivía en la misma colonia donde crecí, sino que estudiamos en la misma escuela y de niños compartimos, lugares y tuvimos conocidos comunes. 

Fue igualmente fuerte ver a las mujeres correr y subirse al tren, pero más impactante aun fue escuchar sus historias, los abusos físicos que habían sufrido, y que podían seguir sufriendo a lo largo del camino. De esos abusos habían sido conscientes desde el principio de su viaje, pero para ellas era el precio que debían pagar por llegar a los Estados Unidos. Muchas de ellas, madres solteras, contaban que habían dejado a sus hijos con sus familias, con la esperanza de que el sacrificio que realizaban fuese para que pudieran vivir mejor, tener acceso a la educación, etc. Otras también realizaban la ruta con varios meses de embarazo, con el deseo de llegar a la frontera norte de México, antes de dar a luz, para que su hijo fuera registrado en Estados Unidos y así tener “nacionalidad norteamericana”. 

Me tocó ver a varios niños, algunos acompañados de sus padres o de otro familiar, quienes iban realmente impactados por el tren, pues nunca habían visto una máquina de esas dimensiones. Varios de ellos llevaban verdadero miedo de tener que volver a subirse, y saltar para bajarse mientras “la bestia” estaba en movimiento. Uno de ellos, guatemalteco de 12 años, momentos antes de intentar abordar el tren, entró en pánico con un fuerte dolor en la espalda, y se negó a subir. Esa noche su tío y él se quedaron en el albergue esperando que el niño se recuperara del susto.

Escuchar las historias de los que han estados secuestrados, los que han sido golpeados, asaltados, abusados sexualmente, es realmente doloroso. Varios de ellos al llegar al albergue decidían no continuar con el camino y entregarse a migración para ser deportados. En ellos se podía percibir el sentimiento de fracaso y de frustración que experimentaban, pero también el anhelo profundo del reencuentro con sus familias.

Entre los migrantes pude percibir una fe profunda. Para ellos Dios es su única seguridad y compañía. Lo encontraban en todo lo bueno que hallaban en el camino; en la gente que les tendía la mano, en los albergues, en los que compartían con ellos un “taquito”. Y nosotros, que colaboramos en el albergue, encontramos a Dios en ellos, en su sufrimiento, en sus historias. Y es que seguramente son ellos los crucificados de nuestro tiempo, los expulsados de sus tierras, en quienes Cristo crucificado se sigue haciendo presente y nos sigue interpelando.

Aunque su esperanza por una vida mejor es grande en su rostro se refleja la crueldad de la realidad en la que se encuentran, la nostalgia por su tierra, por su familia y la pérdida de la identidad. Ya en su paso por México, tienen que fingir el acento, muchos de ellos van practicando ingles para su ingreso a Estados Unidos, deben asumir otras costumbres, otra forma de vida. 

¿Qué estamos haciendo ante esta realidad? ¿Qué podemos hacer ante esta realidad? Son preguntas que resonaban en mi interior durante todo este tiempo, y ahora, al volver a Centroamérica, siguen resonando. Continuamente vuelven a mi memoria los rostros de mujeres, niños y hombres que diariamente pasaban por el albergue. Pienso en los muchos que continúan pasando, los que van saliendo de nuestros países, buscando un sueño, que para muchos se convierte en pesadilla. 

¿Y los que se quedan? También ellos sufren el tormento de no saber lo que pasa con sus seres queridos, familias incompletas, madres que asumen un doble rol en sus familias, hijos que no crecen con sus padres, desintegración familiar ante ellos también valen las preguntas.
Las palabras de Jesús en Mateo 25, 38: “fui forastero y me acogiste”, han estado presentes no como satisfacción por el trabajo hecho, sino como un compromiso. No hace falta ir muy lejos ni buscar mucho para encontrar a Jesús presente entre nosotros. Sigue estando en los forasteros de nuestros países que continúan saliendo para alcanzar la vida digna que las estructuras injustas les niega.

Carlos López, sj

 Carta a las iglesia, UCA, El Salvador

domingo, 8 de abril de 2012

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES? VIVO CON LOS QUE SE ALEGRAN



La causa del hombre no está perdida,
las grandes ideas no se apagarán,
la unidad del mundo se hará,
la dignidad de la persona será reconocida,
las desigualdades sociales serán niveladas.
Ni el egoísmo ni la ignorancia impedirán
la instauración de un orden verdaderamente humano,
porque Cristo
ha  RESUCITADO. 

Pablo VI

sábado, 7 de abril de 2012

SABADO SANTO: MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES? VIVO CON LOS QUE ESPERAN


Esperar en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús resucitado, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la Humanidad y en la creación entera.
Esperar en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, queden olvidados para siempre.
Esperar en el Resucitado es confiar en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras o subidos en “La Bestia” llegar a su verdadera patria.
Esperar en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: "Entra para siempre en el gozo de tu Señor".
Esperar en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un "Dios oculto" del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.
Esperar en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el Reino.
Esperar en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.
Esperar en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las "huellas" que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido o hemos disfrutado generosamente, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.
Esperar en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en boca de Dios: "Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida". Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas porque todo eso habrá pasado.
(Recreación de un texto de J.A. Pagola)

sábado, 24 de marzo de 2012

MONSEÑOR OSCAR ROMERO
(asesinado el 20 de marzo de 1980)

“....Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que da un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice "No matar". Ni...ngún soldado esta; obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla.

Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación.

Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios; Cese la represión......

Al día siguiente, durante una misa una persona hizo su disparo letal en el momento justo en el que Monseñor levantaba el cáliz para la conversión del vino y el pan en el cuerpo y la sangre de Cristo, justo antes de ese milagro, la fatalidad.

La profecía en la palabra de Monseñor parece haberse cumplido:

...Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado...

"...El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte..."

“Como Pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por aquellos que amo, que son todos los salvadoreños incluso a aquellos que vayan a asesinarme… Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.”

martes, 20 de marzo de 2012

ON THE BORDER WITH JESUIT FATHER SEAN CARROLL

Ignatian News Network recently traveled to the U.S.-Mexico Border to meet with Jesuit Father Sean Carroll, who currently serves as the Executive Director of the Kino Border Initiative in Nogales, Arizona.
“This is a very obvious frontier because we’re on a border. We’re in a place where there is great suffering and great need, so it makes total sense that the Society of Jesus is here,” said Fr. Carroll.

The work of the Kino Border Initiative is unlike any other; it is an innovative and cooperative effort between six major religious organizations that strives to serve migrants and communities affected by the consequences of deportation.

Check out the video below to learn more about the man behind the collar. You can find out more about Kino’s innovative program assisting migrants and displaced peoples by visiting their website.



Fuente: http://www.jesuit.org/

domingo, 18 de marzo de 2012

EL MIGRANTE: EVANGELIO DE NUESTRO TIEMPO


En diciembre pasado estuvimos dos compañeros escolares y un servidor en el Albergue Decanal Guadalupano para migrantes, ubicado a las orillas de Tierra Blanca, Veracruz. Este albergue es dirigido por Dolores Palencia, religiosa de San José de Lyon, y Rafa Moreno Villa, sacerdote Jesuita.
No abundaré en la organización del albergue, sólo decir que viven de la caridad y buena voluntad de los habitantes de la comunidad y la región. Las comidas son sencillas a base de frijol y arroz blanco y, cuando hay una donación mayor, pollo y sopa de pasta; estructuralmente el edificio tiene sus limitaciones, pero las actividades se realizan con entusiasmo y grande ánimo.
Para mí, la experiencia fue encontrar a un Jesús encarnado en los migrantes. Un Jesús hondureño, salvadoreño, nicaragüense, guatemalteco e incluso mexicano o estadounidense. Creo que el Reino es uno, de ahí que se hace necesario encontrar aquello pequeño que nos hace semejantes a todos los hombres y no centrarnos en las grandes diferencias que alimentan nuestro egoísmo y nos deshumanizan. Sólo así, podremos decir que seguimos y servimos al Jesús que se nos anuncia en los Evangelios.
Tener los sentimientos del artesano es acoger a los más desvalidos, esos a los que la sociedad llama “rateros, cochinos, matones, cáncer social o escoria”. La misión no es fácil, pero la fórmula está al alcance de todos, como lo decía el Padre Arrupe, “Enamórate, permanece enamorado y eso lo decidirá todo, determinará lo que te haga saltar de la cama en la mañana, lo que hagas con tus atardeceres, cómo pases tus fines de semana, lo que leas, a quien conozcas… ”. Un amor que va más allá de mis propios límites, de mi vulnerabilidad, incluso de mi lógica, porque no es asunto de la razón sino del corazón.

PANCHO Y ADRIÁN



Desde hace varias semanas nos acompañan en el albergue dos jóvenes jesuitas: Pancho y Adrián. Ambos son muchachos que acaban de comenzar hace apenas medio año su proceso como novicios jesuitas. Para Pablo y para mí fue una alegría encontrarnos dos compañeros jesuitas que nos daban la bienvenida a Tierra Blanca y que nos introducían en el día a día del albergue. Enriquecedoras conversaciones, intensas celebraciones, apoyo en los momentos de cansancio y alguna que otra carcajada, han ido fluyendo en nuestra vida cotidiana.
Da gusto ver la estima y el cariño con que se acercan en el albergue a atender a los muchachos y muchachas migrantes, cuando curan sus heridas y dolencias, cuando sirven la comida, ayudan en la limpieza, y conversan con el resto de voluntarios y responsables.
Según el padre Jerónimo Nadal: “lo que diferencia a los novicios jesuitas de otras órdenes es que se les forma no para el coro y otras ceremonias, sino para el ministerio, y su práctica concreta en este terreno comienza desde el Noviciado” (John W. O´Malley. Los primeros jesuitas, p. 108)
San Ignacio pensó al noviciado jesuita con base en probaciones. La oración, los sacramentos y el conocimiento de la espiritualidad ignaciana son fundamentales en esta etapa, pero lo son en medio de estas experiencias o probaciones y en la totalidad de la vida del novicio que está “probando” y que está “siendo probado”.
El noviciado jesuita tiene una duración de dos años, y se organiza en torno a las seis experiencias previstas por san Ignacio: Ejercicios Espirituales de mes, hospitales, peregrinación, trabajos humildes, apostolado, y predicar y oír confesiones (ésta sólo se aplica a los novicios que ya son sacerdotes), adecuadas según tiempos, lugares y personas.
El servicio que Adrián y Pancho están brindando en el albergue tiene que ver con el agradecimiento que brota de una fe, un amor y un compromiso hacia los más desheredados de esta tierra. Con sus cualidades y limitaciones, sus alegrías y tristezas, su coraje y su cansancio, estos dos jóvenes jesuitas son ejemplo para todos de entrega y jovialidad.
¡Que el Señor les siga acompañando en este tiempo de probación y les bendiga (diga-bien) en su caminar! ¡Muchas gracias compañeros!
Si estás interesado en conocer más sobre la vida y vocación de los jesuitas puedes visitar Vocaciones Jesuitas
Alberto Ares,sj.